(Segundo diario) Viernes, 14 de abril de 2017. La última página y Rohmer



Acabo de corregir La fuerza de lo que no será. Las últimas páginas de la novela han sido las que me han dejado un mejor sabor de boca, ya que fueron las últimas que escribí. Sin embargo, pesan más esas páginas en que noto que me equivoqué, que tomé un enfoque erróneo y narré la ficción de una manera demasiado enrevesada.
Anoche, vi Conte de printemps, dirigida por Éric Rohmer. ¿Cómo lograr algo así? ¿Cómo construir una narración en que la fuerza del argumento esté en los detalles y, aun así, no haya un solo momento gratuito? Rohmer dosifica perfectamente todo lo que pone ante la cámara: las seducciones, las conversaciones filosóficas, las peleas… Ese sentido de la mesura que demuestra es una virtud, una virtud que no es tan fácil lograr como parece.
Leo en Vida privada: «Seria molt trist renunciar a creure que dintre la pell dels homes i les dones hi ha de vegades alguna cosa de llampec diví, i els déus es confonen amb els monstres. Els déus se’n riuen delicadament de la moral i de la raó.» Cuando alguien te pregunta si crees en Dios, tanto él como tú tenéis en mente una misma imagen de Dios, una imagen antropomórfica. A veces, me da por pensar que, si Dios existiese, no tendría forma humana de ninguna de las maneras. Quizá ni tendría razón, ni moral. Puede que Dios exista y no tenga nada que ver con lo que nos imaginamos que es: tal vez es un orden, el orden que siguen las cosas naturalmente, un orden opuesto al orden humano ―es curioso: cuando los hombres vamos al bosque, nos sentimos inmersos en el caos; en realidad, lo que debe pasar es que nos encontramos un orden distinto al nuestro.
Hoy, he leído tanto y he hecho tan poco… Escribir un diario es, en última instancia, una manera de sentirse vivo. El 6 de enero, Joan me dijo: «Tot s’ha de poder dir amb paraules, eh?»; está bien, se puede escribir sobre todo lo que existe; llevar un diario es, en pocas palabras, constatar que se existe.

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