(Segundo diario) Martes, 11 de abril de 2017. Un moco vivo, Barcelona y Nougat



Siete de la mañana. El sueño de esta pasada noche me ha angustiado. En él, me daban como mascota una cosa mucosa (por no decir un moco) del tamaño de una uña que se movía serpenteándose, como los gusanos. Tenía que guardarla en una bolsa de plástico para no perderla; la cuidaba con toda la ternura de que era capaz. Al cabo de un rato, me separaban del moco. Más adelante, cuando volvía al sitio en que lo había dejado y no lo encontraba, sufría porque le hubiera podido pasar algo.
Hacia las nueve, salgo para Barcelona en autobús. Mi padre me ha pedido que vaya a buscar un encargo al almacén de uno de sus proveedores y, aunque primeramente he protestado, después me he dado cuenta de que pocas cosas me harían más ilusión que pasear por el Eixample barcelonés durante esta mañana. He pasado por Carrer Tallers: había poca gente, las tiendas aún no habían abierto y la luz que descendía entre los altísimos pisos era espléndida.
El 13 de abril de 2014, me topé con Gerard Quintana en el cruce de Rambles con Carrer Tallers o Carrer del Bonsuccés. Él tenía una cámara réflex entre las manos y estaba sacando fotos de la puesta de sol. Recuerdo que la luz era de un naranja jarabe. Seguramente, Quintaba había descubierto la magnificencia con que la luz baja por las calles de la derecha de Rambles y había buscado la forma más práctica de capturarla. Convertirla en canción habría sido una forma más propia de un músico, pero no cabe duda de que, hoy en día, lo que todo el mundo tiene más a mano es una cámara ―sea del tipo que sea.
He bajado hasta Carrer del Carme y he entrado en un almacén. El movimiento era incesante. Había chicos que cargaban y descargaban cajas. Los de mayor edad, en lugar de tareas físicas, se concentraban en anotar pedidos y teclear en ordenadores. Me ha llamado la atención el póster de AC/DC que colgaba de una de las paredes.
Me han atendido con prisas. Gracias, un saludo para tu padre, adiós. La urgencia con que esta gente trabaja no tiene nada que ver con el ritmo que llevaría un escritor, me he dicho a mí mismo. ¿Qué es preferible? Ellos, sin duda, me dirían que es preferible trabajar con calma. La experiencia, sin embargo, me dice que, cuando se trabaja con demasiada calma, uno acaba sintiendo cierta inquietud por no saber si está dando lo mejor de sí mismo. «Qui fa el que pot, no està obligat a més», dice un refrán catalán, pero a veces es difícil ver cuándo estamos haciendo todo lo que podemos hacer y cuándo la pereza, casi inconscientemente, nos esconde nuestras propias capacidades.
En el autobús de vuelta, he visto una madre que subía con su hijo de entre quince y dieciocho años. Hay algo impagable en la imagen de una madre o un padre con su hijo, tenga este la edad que tenga. Es inevitable sonreír pensando en lo que tal imagen conlleva: un nacimiento, una lactancia, un aprendizaje, un agradecimiento…
Por la tarde, me encuentro con Maria y Paula para hablar de nuestro inminente viaje. Vivir en Mataró está bien porque las pastelerías que hay en la ciudad no tienen nada que envidiar a las de la capital, aunque, en los últimos años, algunas han desaparecido súbitamente, trágicamente. Vamos a la pastelería Nougat, que hace las veces de cafetería. Bajamos a la planta de abajo. Este lugar parece un estudio de arquitectos, pienso. Maria pide un café solo con hielo (¿cómo es posible que alguien que no sea yo esté pidiendo café a las siete de la tarde?); Paula, una ensaimada y un Cacaolat (Es de las pocas personas que no he visto renunciar a los batidos de chocolate con el paso a la adultez.); yo, un té de no sé qué, con sabor amargo y un bonito color entre ámbar y amarillo.
Desplegamos mapas de la ciudad que visitaremos sobre la mesa. Abrimos un portátil. Nos ponemos a discutir. Parece que organizar un viaje sea fácil, pero los tres sabemos que las complicaciones llegarán cuando nos encontremos la mañana del 30 de abril en un aeropuerto de un país desconocido y no sepamos en qué dirección ir.
―Llevaré mi cámara.
―Yo, mi réflex.
―Yo, mi GoPro.
Curiosamente, los tres damos por hecho que las cámaras estarán presentes en nuestro viaje. Incluso nos hemos planteado grabar video blogs. ¿Por qué no? ¿Qué más da que toda la gente haga video blogs ahora? Sin lugar a dudas, es más importante hacer lo que uno tenga interés en hacer que evitar seguir a la corriente. Otra cuestión es que, a veces, debamos preguntarnos a nosotros mismos: ¿quiero hacer esto para imitar lo que hace todo el mundo o porque realmente me llama la atención? Y decidir en consecuencia.

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