(Segundo diario) Lunes, 17 de abril de 2017. La novela que está en camino, el enfado y la Escuela de Kioto



Mientras camino, mientras como, mientras dejo de escuchar a quien me está hablando, pienso en esa novelita que va cobrando forma en mi cabeza. Empezaría a escribirla cuanto antes mejor. La inseguridad me frena: ¿y si la empiezo a escribir y, a los dos días, me doy cuenta de que no es el proyecto más adecuado para mí? Tampoco sería una desilusión demasiado grande, pero prefiero ahorrármela.
Si alguien se cabrea contigo, no cuentes los días que dure su enfado. Contar los días es ser consciente del tiempo; cuando soy consciente del tiempo, se vuelve más lento. La lentitud puede verse como una condición idónea para hacer ciertas cosas, pero también puede demostrar la incapacidad de algunas personas para reaccionar. Es mejor no pensar en esta segunda lentitud. Cuanto más tiempo paso enfadado con alguien, mayor es la distancia que me separa de él; la peor solución para todo problema es no darle solución. Me digo a mí mismo que debería comportarme lo más noblemente que pueda y pedir perdón, pero hay una diferencia bastante importante entre pedir perdón y arrastrarse, suplicar cuando no hay motivo para ello.
Leo La Escuela de Kioto. Una introducción, de Robert E. Carter. ¿Desde Occidente, podemos entender cómo se ha pensado y se piensa en Asia? Si Nishida Kitarō dijo que el pensamiento occidental se caracteriza por centrarse en el ser i el pensamiento oriental, por centrarse en la nada, ¿hay forma de que dejemos de ser unos egocéntricos? Me gustaría entregarme a algunas de las ideas de la Escuela de Kioto, intentar verlas reflejadas en mi vida, pero eso me debilitaría a los ojos de los demás y siempre he tenido miedo a que me coman.
La concepción de Dios que tenía Nishida me convertiría en creyente. De hecho, es posible que nunca haya sido ateo y que la mayoría de ateos se engañen a ellos mismos: que no creamos en un Dios con atributos humanos no significa que no exista un Dios que no nos cabe en el pensamiento. En fin.
La idea de la experiencia pura es preciosa; siempre voy diciendo que la idea de pureza me parece una estafa, pero, en este caso, es muy solvente, no sé. Explicando las ideas de Nishida, Carter dice: «El amor busca unidad y “el amor significa el conocimiento más profundo de las cosas”.» ¿Acaso se puede dudar de eso? Hong Sang-soo lo comprendió muy bien; por ese motivo me parece uno de los cineastas más valiosos de la actualidad.

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