(Cine) Entre una novela y una película. "Le fils de Joseph", dirigida por Eugène Green



La última película de Eugène Green, Le fils de Joseph, podría haber cobrado la forma de una novela. Sí, su director podría haber escrito la película en lugar de grabarla y el efecto que habría producido en los lectores, en cierto modo, no habría sido muy distinto del que produce en los espectadores, ahora que se ha estrenado en algunas salas.
Los actores de Green no interpretan: leen. Como si nos encontrásemos en una película de Robert Bresson y los actores fuesen modelos que se mueven y hablan como maniquíes, en sus obras también hay personajes inexpresivos. ¿Y sabéis qué? Eso no supone ningún obstáculo para la comprensión de la película, porque se enmarca en un estilo en que esa inexpresividad tiene sentido. Si los actores de Green leen y no interpretan, eso es porque, como decía el cineasta en La Vanguardia hace unos días, «Cuando hablas para ti mismo eres más sincero». Todos los diálogos son pronunciados sin modulaciones de voz, casi sin gestos que los acompañen, en planos frontales que se vuelven recurrentes y, gracias a la serenidad del rostro de los actores, cálidos; y, como decíamos, son pronunciados de la misma manera en que alguien los leería para sus adentros.
La relación de Le fils de Joseph con la palabra escrita no se limita a esto: las Sagradas Escrituras entran en juego desde que, en la pantalla, aparece el título del primer capítulo que compone la película: «El sacrificio de Abraham». La iconografía cristiana aparece constantemente y, por más que el director le haya querido restar importancia en alguna entrevista, se entrelaza con el argumento elegantemente.
¿Y cuál es el argumento de esta película? Bien. Partimos de un protagonista de diecisiete años que vive con su madre y no conoce a su propio padre. Desde el momento en que decide descubrir su identidad, lo acompañamos en una misión que le llevará a descubrir el nombre de su progenitor ―Oscar Pormenor― y a acercarse a él.
Cuando se da cuenta de que el padre que le ha sido escondido es un editor trajeado de carácter bastante cínico, tramará un plan para acabar con su vida. Es este uno de esos puntos en que la iconografía cristiana (y la forma con que la han revestido algunos artistas a lo largo de la Historia, como Caravaggio en el Sacrificio de Isaac) ayuda a la evolución de la película, brindándole a Green la oportunidad de vestir a su protagonista con una bufanda roja con la que amordazará a su propio padre y que nos haría pensar que lo que se nos está mostrando es un Isaac que clama venganza contra su padre, un Abraham que ha pretendido sacrificarlo. Notaríamos cierta irreverencia, pero la película, en líneas generales, rezuma una bondad en sus intenciones que también nos haría descartar esa posibilidad.
Aunque el objetivo de matar a su padre no le llevará a un resultado fructuoso, sí que le hará conocer al hermano de su padre, Joseph, en quien proyectará la ternura de la que había privado a su madre ―quizá, precisamente, por su insistencia en no contarle quién es su padre. Su madre, sin embargo, no debe ser vista como un personaje malvado. Viste de azul, su presencia es angelical y (como probablemente todas las madres del mundo) tiene un secreter.
No hay un solo personaje que no sienta y actúe con una ambivalencia que nos lleva a la conclusión de que Green intenta reproducir a ese hombre del Barroco contradictorio, irreductible al dualismo bueno/malvado. Incluso el más perverso de todos guardará una sorpresa para el final que confundirá a los espectadores que hayan decidido odiarlo.
20-I-2017


FOTOGRAMAS DE LE FILS DE JOSEPH, DIRIGIDA POR EUGÈNE GREEN

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