(Microcuento) Benditos aburridos



En la presentación del libro de Martín Caparrós “El Hambre”, en el Foment Mataroní, el 9 de junio del 2015, un hombre del público alzó la voz. Lo hizo con la voluntad de hacer una pregunta, aunque, dada la duración del discurso que siguió a su anuncio, algunos de los que estábamos ahí sospechamos que lo que le llevaba a hablar era, más que la intención de saciar su curiosidad, el placer de contar un hecho cotidiano —de su propia cotidianidad, se entiende— a un grupo de desconocidos.
Habló de que tenía un hijo y que, a veces, salía a hacer un deporte acuático que ahora no consigo recordar (¿surf, tal vez?) con él. En el trayecto de ida hacia el lugar de práctica, solía encontrarse un grafiti que decía: “Sense pa, no hi ha pau.”, firmado por un nocturno Bramul. Le preguntó al escritor por la veracidad de esa frase. Es evidente que he hecho un esfuerzo por resumir sus palabras y quedarme con lo esencial; lo mucho que ha llovido desde que sucedió esto ha ayudado a empapar unas parrafadas que, en su momento, parecieron insufribles, espesísimas a más de uno.
El 26 de febrero de 2016, tuvo lugar la presentación de la obra “El temps és or”, a cargo de Enric Farrés Duran y Josep Maria Esquirol, en una de las salas polivalentes de Can Palauet, un hermoso edificio del casco antiguo mataronés. El mismo hombre, sentado en una cuarta o quinta fila de distancia respecto los conferenciantes, inauguró el turno de preguntas con alguna duda que no viene al caso (y, si viniera, sería demasiado tarde para explicarla, pues ya la he olvidado).
Una vez más, en la presentación del libro de Empar Moliner “Tot això ho faig perquè tinc molta por” en la librería Buc de Llibres de Mataró (sí, la misma que acogió la presentación de mi primera novela, con un éxito de asistencia relativamente diferente), el 11 de abril del 2016, el señor que disfrutaba chapoteando con su hijo y comiéndose el coco con sentencias anónimas apareció. Le dijo a la autora del recojo de relatos que por qué una chica lista como ella se vendía en la tele cada mañana. El título del libro habría sido una posible respuesta, pero la show-woman prefirió apelar a la diversión que el berenjenal televisivo suponía. Y todos contentos.
O casi todos. Una asistente, de pie detrás de mí, resopló al ver que el hombre levantaba la mano para decir lo que tuviera que decir. Murmuró algo la chica que la acompañaba. Algo así como que por qué ese tío no se callaba de una vez por todas.
¿Pero es que ya no nos acordamos del valor del patrimonio local? ¿Qué sería de Mataró sin “el senyor del Barça”, que hasta su reciente muerte salía por el centro de la ciudad con una bufanda del club de fútbol y gritaba “Visca!” cada vez que alguien le interpelaba con un “Visca el Barça!”? ¿Qué sería de la capital del Maresme sin el nostálgico que grita, frecuentemente por la Plaça de Santa Maria: “Esto con Franco no pasaba”?
Parece que ya no sepamos apreciar a quienes, mientras cruzamos de paso nuestras calles y plazas, hacen de la vida algo más pintoresco.

SOIR BLEU, DE EDWARD HOOPER

2 comentarios:

  1. Me gustan tanto el tono del texto como el tema. La literatura tiene muchos enfoques, funciones... maneras de escribirla y leerla... Digo que me gusta porque me resuena a un uso de la misma que rescata y recrea historias, personajes, episodios contra el paso del tiempo.

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    1. Esa especie de resistencia contra el olvido del tiempo es una de las principales razones por las que escribo; tu observación es muy buena, realmente. Muchísimas gracias :)

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