(Diario de adolescencia) Textos de diario que publiqué en 'Un diario público' (http://xaviersiresundiariopublico.blogspot.com.es/) (2014)




Prólogo

La primera entrada que escribí en mi diario íntimo está fechada. Jueves, 18 de abril de 2013. Encima de estas letras, un título: Diario poco constante. No obstante, el ‘poco constante’ ha sido tachado con una fina línea de bolígrafo negro. Lo que en un principio me parecía un papel con el que entretenerme cinco minutos cada pocas semanas ha terminado transformándose en una rutina. Mezclo mis emociones con los hechos que creo más importantes: visitas a galerías y museos, viajes, encuentros o citas con el teatro, por poner ejemplos. Algún otro negaría que fuesen hechos significativos, y que, pese a las anécdotas que pudieran sugerir, no merecieran ser contados. Yo, con mi medaigualismo adolescente, decidí en su momento que iba a escribir sobre lo que quisiera, ¿no es esa una de las características del diario íntimo? Aunque, más bien, el concepto de ‘diario íntimo’ lo cogí sin pensar dos veces, ya que tengo planes de publicación para todas esas hojas engordadas con historias sobre paseos por ciudades catalanas y esperanzas que se empeñan en existir.

Viernes, tres de enero de 2014

Casi nadie iba en el bus de Barcelona a Mataró este mediodía. He ido a pasar la mañana a la ciudad con una amiga del colegio, solo que ella se ha quedado para hacer unas compras navideñas. Me encantan los días de vacaciones en los que puedo ir hasta la capital y descansar por allí. Es el ambiente en el que me siento más cómodo… oh, y también la montaña, claro.
Mientras el coche avanzaba yo iba pensando en los últimos movimientos que había dado por Internet. No han sido muchos, pero los pocos que he hecho entre julio y ahora han sido de bastante peso. Teniendo en cuenta que he escrito un relato de veinte páginas (me he propuesto escribirlos todos de más de una decena de páginas a partir de ahora) y he grabado algunos vídeos para mi canal de YouTube, además de meterme en algún que otro proyecto y compaginar estos temas con los estudios, me siento bastante satisfecho, pero, como de costumbre, no es suficiente. He tomado varias decisiones. La primera es que voy a borrar los dos vídeos de preguntas y respuestas que he publicado y volveré a implicarme en ese mundo una vez llegue el verano, de manera que pueda dedicarle más tiempo y a la vez no dejar de escribir ni por un solo día. También he decidido empezar a escribir, de una vez por todas, en el blog que creé hace unos meses y en el que planeaba escribir mis confidencias menos privadas. En tercer y último lugar, me he convencido a mí mismo para que cuelgue más y más cosas en la red y con más frecuencia. Como parte de mi propósito para este dos mil catorce me he retado a publicar más de cien documentos (sean del tipo que sean, siempre literarios, eso sí) en mi blog durante doce meses.
Lo único de lo que estoy seguro es que si ahora quisiera darme un descanso y desaparecer de las redes sociales por un par de semanas sería olvidado con mayor rapidez que con la que se desmorona un castillo de naipes. Tengo grandes planes para este año además de estos, pero estoy resuelto a no revelarlos por ahora. También he estado pensando de cara al próximo año: debo explotar, no sé cómo ni cuándo, pero tengo que hacerlo antes de los dieciocho.

Sábado, cuatro de enero de 2014

¡Cuánto daría por saberlo todo sobre el cine! Algo de lo que estoy convencido es que, si no hubiera tirado hacia la literatura, me habría interesado por el mundo del cine. Es más, cuando tenía ocho años, antes de que descubriese la literatura, quise ser director de cine por un tiempo, y aunque no tenía ningún conocimiento sobre el tema la idea de dirigir una escena, hacerla a mi manera y crear a partir de esta mi mundo me atraía mucho. Parece como si siempre hubiese estado buscando el medio a través del cual expresar mi mundo, como si ya hubiera venido preconcebido y mi único esfuerzo hubiese estado escoger el modo en el que llevarlo a la realidad.
Esta mañana he vuelto a tener la oportunidad de manejar cámaras fotográficas y ponerlas en grabación, después de haberlas enfocado (lo destaco porque ese ruidito que hace la cámara al enfocar me encanta, y quiero que tú, el lector, visualices este detalle).
Con unas compañeras de clase hemos cogido el guión de un cortometraje que, sinceramente, me parecía bastante mediocre y hemos creado un vídeo de poco más de dos minutos en el que yo aparecía con gafas de plástico y una de mis compañeras con una peluca corta. Lo más importante del vídeo, en cuestión, debían ser los tipos de plano. Sin embargo, una vez más, he llevado el que en un principio era un trabajo de colegio a mi terreno y lo he adaptado a mi estilo.
Lo que más agradezco a mis amigas es que tengan tanta paciencia conmigo. En muchas ocasiones me paso de tirano y convierto lo que podría ser un trabajo divertido en algo rígido y demasiado serio. Era un proyecto que podíamos grabar en más o menos media hora y, en lugar de ir haciendo descansos para explicarnos nuestras historias o reír un rato, me he ceñido tanto a lo planificado que hemos acabado haciéndolo en veinte minutos. No me puedo quejar del resultado, estoy muy satisfecho.
Luego hemos dedicado el resto de la mañana a ver vídeos de travestis y pasear por un parque que hay cerca de la casa de mis padres.
Es en este punto en el que me doy cuenta de lo banal del texto que he escrito. Me fastidia no poder ir más allá, ser demasiado joven como para escaparme durante unos días a la Provenza y tomar mi cuaderno allí, describiendo los paisajes y las sensaciones que me transmiten. ¡Ya estoy fantaseando otra vez! ¡Ah, qué aburrido se me hace estar encerrado aquí!

Domingo, cinco de enero de 2014

Hoy he vuelto a Gerona, la ciudad de la que llevo años enamorado. En invierno la veo diferente que en otoño, más gris y triste, y, por lo tanto, más bonita.
Me gusta pasear por las calles más céntricas, aunque los alrededores también tengan sus escondites llenos de encanto, como, por ejemplo, un parque lleno de sauces llorones o árboles muy parecidos (no soy nada bueno identificando plantas ni animales).
He tenido tiempo para pensar en la cuestión de abandonar las redes sociales por un tiempo. Es una decisión que he ido aplazando más y más por distintas razones y la que va siendo hora de afrontar. Por más que ignoro las críticas negativas me es inevitable que, poco a poco, vayan rasgando la corteza de mi autoestima e intenten atacarla. Treinta días de descanso, un mes para huir de la realidad virtual. Seguiré pensando en ello. El segundo trimestre sería el momento ideal para hacerlo.
He conseguido escaparme de la ciudad antes de que empezase a llenarse el centro de familias yendo a la Cabalgata. Lo único que me gustaba de eso, de pequeño, era el rey Melchor, todo lo demás estaba de sobra. Verme rodeado por tanto crío ya entonces me molestaba. ¿Qué problema debo tener con los niños? Que en realidad no son tan inocentes como intentan parecer. Los veo malvados, como diablos en miniatura.

De vuelta a Mataró he estado viendo ‘Laberinto de pasiones’, de Almodóvar. Una de las cosas que más me gustan de este director es que, pese al paso de los años, sus películas, a día de hoy, pueden ser tomadas aún por transgresoras y extrañas. Me he fijado en lo complicados que son los protagonistas, son… muy dadaístas, diría. Parece que haya cogido una lista de adjetivos, los haya recortado y, tras removerlos en una caja, haya dado tres o cuatro a cada uno.

Sábado, once de enero de 2014

Tenía pensado subir a la red hoy el último relato que he estado escribiendo, pero no he llegado a tiempo. Desde que empecé el nuevo trimestre me he movido sin parar ni para tomarme un merecido respiro. Que no haya publicado el texto hace que me sienta decepcionado conmigo mismo, aunque la culpa no sea mía, en realidad. Me atiborran de trabajos y exámenes cuando yo lo que quiero es crear y crear, una vez y otra, sin dejar de hacerlo ni un solo día. Poder ser considerado un autor ‘prolífico’ de aquí muchos años.
En cualquier momento la cafetera sonará, yo cerraré este archivo e iré a tomarme una taza de café con leche. Espero que haya acabado de explicar mis tonterías antes de que esto pase.
Estoy utilizando un vocabulario y una sintaxis más llana que nunca. También me he vuelto más informal en las redes sociales y, ¿por qué no decirlo? En mi realidad misma.
Dejo atrás, cada vez más atrás, una faceta de mi adolescencia. Cierro el capítulo de la arrogancia y lo pedante, con la esperanza de que el siguiente lleve por título: ‘Existencialista y coloquial. El camino hacia ser un chico carismático’. También intento ser más amable, aunque no quiero ser tomado como una persona dulce, eso es demasiado… Es demasiado del yo de cuando tenía ocho o nueve años.
Ya no intento ser un tipo venido del siglo XIX, me he resignado, con mucho gusto, a quedarme en el siglo XXI. Estoy convencido de que mis tiempos me guardan grandes sorpresas.
La cafetera suena. No pondré azúcar en el café. No me gusta que sea dulce, no me gusta ser muy dulce.

Sábado, quince de febrero de 2014

El otro día reconocí en un ejercicio de comprensión lectora de la clase de catalán un texto de Josep Pla. Me llenó de satisfacción hacerlo. Cosas como esa me demuestran que no solo avanzo como escritor, sino que también como lector.
Me encantaría parecerme un poco más a Josep Pla, que mi estilo fuese bastante más sencillo de lo que es. Mi pedantería llegó a un punto tan alto que, a partir de entonces, solo deseé ser sencillo, reducir un poco lo cargado. No busco ser minimalista, el minimalismo me da asco, lo que yo quiero es ser clásico, pero actual. ¿Puedo conseguirlo? ¿Puedo aparecer en el siglo veintiuno y ser clásico? No sé, supongo que igualmente es inevitable que sea de este siglo, y no es algo que me preocupe, en realidad. No voy a esforzarme por ser moderno, pues eso, inevitablemente, lo seré. ¿Quién dijo eso? Me parece que fue Dalí.

Domingo, dos de marzo de 2014

La mañana del día después de Carnaval. Momento para sacar conclusiones sobre la tarde y noche anterior, y relajarse con pequeños detalles: un mililitro de leche más en el café de las siete, una página más del Quadern gris de Josep Pla, treinta segundos más de ducha. Cosas insignificantes que escribo porque suenan bien y en realidad no cumplo. En la ducha paso el tiempo que paso, en el café cae la leche que cae y leo las páginas que tengo tiempo de leer. ¿Quito la magia al asunto? Sí, pero prefiero ser sincero. Mi domingo es más práctico de cómo lo cuento.
La tarde y la noche de ayer estuvieron bien. Las valoraciones que saco son más positivas que negativas. ¿Algo malo? Durante toda la tarde tuve metida en la cabeza una pequeña dosis de veneno, pero no veneno del serio, no… Veneno de pensamientos, pensamientos tóxicos, un poco deprimentes. La ciudad de Mataró no es fea, tiene sus encantos y sus más, pero yo no pertenezco a este lugar. Cierro los ojos y veo decenas de ciudades en las que gustaría estar, y esas decenas se multiplican, a veces. En ocasiones concretas, que digamos.
Por la mañana estuve rodando un corto con Florencia y Maria. Creo que el resultado va a gustarnos a todos, menos a los que no les gustará, ¿no? Lógico, pero destacable, porque nadie más lo destacaría.
A las seis ya estaba con los pies baldados y la cabeza agotada de ideas, así que no pude disfrutar al cien por cien de lo que tenía a mi alrededor.
Un profesor dijo el otro día que los años de estudiante son los mejores de toda la vida, de todas las vidas. Si es así, definitivamente tendré motivos para ponerme triste. Igualmente no creo que tenga razón. Hay demasiados proyectos, sueños y bobadas como para dejarlos correr y desperdiciar toda una vida encerrado en un solo mundo. Se debe huir para no malgastar los ochenta años que vamos a vivir, o setenta, o sesenta, o cien, o cuarenta, o diez. ¿Quién sabe?

Lunes, tres de marzo de 2014

He fracasado con mi primera tortilla a la francesa. No sabía cómo girarla, así que la he levantado de la sartén y ha volado por los aires. Ha aterrizado sobre uno de los fogones, así que me ha sido imposible recuperarla. El trozo que había quedado en la sartén me lo he comido con un pedacito de queso, ya que no soy muy de tortilla chamuscada.
Recuerdo que, de pequeño, uno de los primeros ‘sueños’ que tuve fue el de ser chef. No cocinero, no… ¡chef! La palabra sonaba bien, y esos sombreros como de nata montada que llevaban en las películas me parecían geniales. Ni siquiera sabía lo básico de cocina, ni siquiera sabía definir la misma palabra, pero yo quería ser chef. Supongo que en este tipo de cosas siempre he sido igual. Necesito saber que hay algo allí, tener la certeza de que hay algo a lo que me pueda dedicar, algo por lo que vivir. Si yo mismo doy el sentido a mi vida, mi vida es la escritura, mi vida es el arte, y mi vida es todo aquello que hago con interés por hacerlo. Por ejemplo, mi vida no son las matemáticas, pero sí que lo es pasar una tarde en compañía de unos pocos en alguna cafetería barcelonesa.

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