(Artículo) Tendrás tantas ideas como te mereces



Quizás sea lo más trillado que diga hoy, pero allá va: À la recherche du temps perdu es una de las puñeteras cimas de la novela, ¡y qué razón tienen los que aún la recomiendan, pese a su densidad, pese a su empeño en rizar el rizo, pese a su detallismo extremo! Me vienen las ganas de sustituir todos los 'pese a' de lo que he escrito al recordar cómo se disfrutan cada una de esas cosas.
Lo confieso: no la terminé. De hecho, no acabé ni el primero de los siete libros. Daré mi razón y, si quieres, acéptala, y, si no, no me creas: Me llevé de viaje el libro, pensando que lo abandonaría a los dos días. Sí, lo hice, pero no por la razón que al principio tenía en mente. La verdad es que me pareció que merecía toda mi atención. Perdón por decirlo alto y claro, pero en un autobús no se lee en paz. Aunque sea el momento (aparentemente) más idóneo, el ruido del motor y de los pasajeros que se distraen llamando a viejos amigos lo complica.
Decidí que lo volvería a intentar de vuelta a Mataró. Por mala o buena suerte, aparecieron otros libros y la gran obra de Proust quedó al fondo de mi montón de lecturas pendientes.
Como es imaginable, no es por esa razón que hablo del libro. Quisiera recordar que el primer tomo de su obra, Du côte de chez Swann, empieza así: «Mucho tiempo he estado acostándome temprano.» Luego escribe sobre las evocaciones de sus sueños, del despertarse creyéndose aún en un mundo onírico, pero me quedaré solo con esa afirmación. «Mucho tiempo he estado acostándome temprano.» Durante mucho tiempo he estado acostándome temprano y quizás mis ojos se cerraban con la misma rapidez que los del protagonista de la novela, Marcel. No sé si él también se levantaría pronto, pero, en mi caso, es así. Desde enero me he levantado a las cinco de la mañana cada día. Y tú te preguntarás: ¿Por qué? Y diré: Porque no hay tiempo que perder. He seguido una ley medio estúpida, medio cierta según la que cuantas más horas pasas despierto, más aprovechas el tiempo.
No puedo ni asegurar ni que sea verdad ni que sea mentira. Antes tendría que ver el otro lado de la moneda, es decir, probar de dormir más. Así que, desde hace solo unos días, lo intento: Me acuesto a las once/doce y me levanto a las seis. Mientras que en los últimos meses lo que he hecho ha sido acostarme a las doce o a la una y despertarme a las cinco. No me notaba cansado, qué va. He oído que es por la juventud y que con la edad «ya verás qué pasa». Ese tipo de amenazas suenan terrible. Sobre todo cuando salen de la boca de alguien que puede hablar desde la experiencia. ¿Qué sería lo peor que me podría ocurrir? Quizás un vacío creativo. Algo así como que la cabeza se me quedara desierta de ideas que apurar, que trabajar, con las que obsesionarme. ¿La falta de horas de sueño podría dejarme nulo de imaginación? Basándome en lo vivido, tengo que decir que escribí Belleza tangerina las mañanas de diciembre del año pasado y enero de este año, despertándome a diario a las cinco y acostándome muy tarde. Que el resultado dé asco o guste es algo que no me toca valorar solo a mí.
Una de las películas del portugués Miguel Gomes nace de la frase: «Hasta los treinta años tienes la cara que Dios te dio, luego tienes la cara que mereces.» Los primeros fotogramas consisten en un telón de fondo delante del que encontramos la afirmación. Algunos adultos han acabado por convencerme de que, si seguía con esos horarios, quizás antes de los treinta años tendría a cara que mereço. Quizás exagere, pero tengo la sensación de que los errores que cometa ahora —grandes, no me refiero a descuidos pequeños— repercutirán en el tiempo, a una edad que ni me imagine.
Volviendo al tema del dormir, quisiera recordar que tengo diecisiete años. Noto que estos últimos meses me he empezado a deshacer de esa necesidad que antes tenía de imitar a quienes admiraba. Seguir su camino, como si el ideal de vida fuera según lo que sus biografías me contaran. Uno de los casos de admirados a los que intenté imitar es André Gide, como quienes me lean sabrán. Es uno de mis referentes. Leyendo su Diario, me sorprendieron una serie de consejos que dirigía a Marcel Drouin, cofundador de la Nouvelle Revue Française. A primera vista, parecerían consejos prácticos para una vida mejor, una vida más llena, pero, dentro de las intenciones del diario, parece que Gide solo quiera poner en orden sus hábitos. Pretendiendo darles una coherencia. Si no, ¿por qué habría incluído estos consejos entre los papeles del manuscrito del Diario?
Todos los consejos son jugosos, y los podríamos discutir, pero me ceñiré al que viene al caso: «c) No dormir demasiado (7 horas bastan).» Escrito dentro de una sección a la que tituló: «2. Materiales (todos dudosos)». Sean o no dudosos, confiaremos en Gide... una vez más.
Pensando en escribir este artículo, di con una curiosa entrevista entre Narcís Comadira y J. V. Foix. Después de que Comadira diga: «Es que me cuido mucho. Y duermo mucho...», J. V. Foix le pregunta: «¿Y dormir os mantiene la juventud?» El primero, al que me imagino con una sonrisa sarcástica, responde: «No lo creo. Dormir me mantiene despierto cuando me despierto.»
Comadira versus Gide, si no es que, desde la perspectiva de Comadira, dormir mucho significa dormir siete o seis horas. ¿Podíamos decir que todos versus Marcel, el protagonista de À la recherche...? Con lo encantadores que parecen ser, me apostaría un dedo a que se acuestan tarde. Las personas como ellas suelen (o solían) ser reclamadas a todas horas del día. Se trata de Proust, Gide y Comadira, que compartían carisma y hasta diría que elegancia. Los dos primeros se rozan temporalmente, y el tercero se separa tanto en tiempo como en espacio. Sin embargo, si tuviera la oportunidad de hacerlo, los reuniría alrededor de una mesa y los escucharía mientras hablasen. Darían las doce, la una, las dos... Pronto amanecería, no habría dormido y los seguiría escuchando hasta que volviera a anochecer. Sí, mejor no dormir.

Bibliografía:
Proust, Marcel. En busca del tiempo perdido 1. Traducción de Pedro Salinas. Madrid, Alianza Editorial.
Gide, André. Diario. Traducción de Laura Freixas. Barcelona, Alba Editorial.
Comadira, Narcís. L'entrevista a Foix. Traducción propia. El procés, num. 3, p. 45.

FOTOGRAMA DE A CARA QUE MERECES, DIRIGIDA POR MIGUEL GOMES
FUENTE DE LA CAPTURA: http://quatrocentosgolpes.tumblr.com/

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