(Artículo) La Nau Gaudí acoge el arte disidente ruso




Mataró (Barcelona), 17 jun.- Desde el día 16 de junio, los arcos parabólicos que Gaudí diseñó cinco años después de su graduación en la Escola d'Arquitectura de Barcelona dan cobijo a una de las colecciones de arte inconformista ruso más importantes del mundo, únicamente superada por la Norton and Nancy Dodge Collection of Nonconformist Art from the Soviet Union.
La Nau Gaudí —bautizada como Gaudí km 0— es, desde 2010, sede de la Col·lecció Bassat en Mataró, y esta no se ha limitado a ofrecer al público mataronense el contenido de su propia colección, sino que, ahora, se acerca a la de un amigo de la infancia de Lluís Bassat: Jean-Jacques Guéron, ingeniero francés que se enamoró del arte inconformista ruso a través de Mihail Chemiakin, quien guarda un puesto destacado en el conjunto de la exposición. El pintor le incitó a interesarse por ese grupo de artistas que, contrarios a la norma establecida, se habían atrevido a decantarse por otro tipo de arte. Lo relata el mismo Guéron en la introducción a la exposición. Sitúa ese momento de descubrimiento en 1972, cuando él era un «joven inexperto en el campo del arte».
En el mismo texto señala la orden que Stalin impuso en 1932 como causa del surgimiento del inconformismo ruso, obligando todo artista a expresarse a través del realismo socialista o bien abandonar el arte. El Comité Central del Partido Comunista, al igual que el I Congreso de Escritores Soviéticos, se encargaron de definir qué era el realismo socialista. Se dijo que las obras debían tener un propósito social, un propósito de descripción de las vivencias y los problemas de la gente. Se trataba de un realismo que no solo rechazaba, sino que también censuraba lo subjetivo (surrealismo, dadaísmo... la vanguardia de la época).
Sin embargo, no fue hasta la muerte del dirigente soviético y el inicio de la etapa de deshielo de la guerra fría que la situación se relajó y los primeros artistas inconformistas, también llamados disidentes, se manifestaron. Estamos hablando de finales de los años cincuenta y toda la década siguiente. En 1962 se invitó a algunos artistas jóvenes a participar en una exposición en la Sala Central de Exposiciones de Moscú. Fueron insultados por el presidente Jrushchov, quien había tomado el relevo a Stalin, a su paso por ella. Calificó las obras de arte inconformista de degeneradas.
También se habla de una anecdótica exposición de 1974, organizada por Oscar Rabin (Moscú, 1928) se encuentran obras del mismo en la Nau, a la que el poder ruso reaccionó enviando buldóceres para dispersarla. La reacción a nivel global fue tan negativa que el gobierno tuvo que volver a permitirla.
A pesar de estos cambios en la situación internacional, no fueron pocos los artistas que se mudaron a países occidentales, sobre todo a París. A finales de los años ochenta, con la disolución del régimen soviético, algunos regresan, aunque otros prefieren quedarse donde les habían recibido con los brazos abiertos. Antes de que esto ocurra, en 1976, Chemiakin organiza en el Palacio de Congresos de París una muestra en la que se exponen todos los artistas que después formarían parte de la Colección Guerón y que sirve para dar a conocer el movimiento. Desde que Guéron fue adquiriendo diversas de las obras expuestas, y otras que, sin estarlo, también pertenecían al inconformismo ruso, su fondo ha salido de París en contadas ocasiones. Esta vez, que es la tercera, se seleccionan 125 obras —entre esculturas y pinturas— del total de 500 piezas de la Colección. 52 son inéditas.
Destaca el bodegón Arenques salados-arenques helados, de Rabine, o la serie Tema e improvisación, de Yankilevsky. El tríptico Retrato de Rembrandt joven, de Mihail Chemiakin, llama la atención, además de por sus pintorescos personajes, por su gran tamaño, 3x2m. En la inauguración del día 16 por la tarde, los protagonistas de la obra miraban de perfil a Joaquim Fernàndez, regidor de Cultura de Mataró; David Bote, alcalde de la ciudad; Yuri Klimenco, cónsul general de la Federación de Rusia en Barcelona; Lluís Bassat y Jean-Jacques Guéron. Muy cerca de ellos, el artista Vladimir Yankilevsky y su mujer Rimma Solod.
En su discurso, el primero puso especial acento al hecho de que esta exposición sea un signo de la internacionalización a la que Mataró aspira. También, al igual que luego haría Bote, agradeció a Joan Mora, ex alcalde de la ciudad, el empeño que puso en que el proyecto diera sus frutos.
Jean-Jacques Guerón agradeció a Núria Poch, directora de la Colección Bassat, su voluntad de trabajo con tal de que la exposición acabara haciéndose. Después, describió los creadores de la muestra como «una minúscula generación de artistas rusos prohibidos en su país que, sin motivaciones políticas, usó el arte a principios de los sesenta para expresarse».
David Bote, por su parte, reivindicó el arte como una necesidad, y no como un lujo, y aprovechó para relacionar «el inconformismo de Gaudí por salir de la forma» con «el inconformismo de estos artistas rusos que quisieron romper con la jerarquía».
Lluís Bassat contó que, a sus trece años, sus padres lo mandaron a aprender francés en París. Fue entonces que conoció a Guéron, quien era hijo de una prima hermana de su padre, y compartieron su afinidad por el coleccionismo. Llegó la historia de cómo adquirió el gran Retrato de Rembrandt joven: avisado por Guéron de que había salido a subasta un cuadro del artista que, por sus dimensiones, ningún grupo privado se atrevería a comprar, le pidió que le consiguiera. La sorpresa tuvo que ser grande cuando, al recibirlo, comprobó que no cabía ni por la puerta de su casa, ni la de su despacho, ni la de ningún sitio. Tuvo que guardarlo en horizontal hasta que, con motivo de la exposición, las tres piezas del tríptico recuperaron su posición vertical y encajada en la Nau Gaudí.
Por otra parte, habló de la insistencia que habían puesto en que el director del departamento de Arte Contemporáneo del Museo Nacional Ruso de San Petersburgo, Alexander Borovsky, escribiera el prólogo al catálogo de la exposición. Este respondió a su ofrecimiento con un escrito de treinta páginas en el que elogiaba tanto los artistas de la exposición como el propio Guéron, por su gusto personal. No cabe duda de que, más allá del valor histórico y artístico de las obras expuestas, la exposición Arte inconformista ruso – Colección Guéron deja constancia de la mirada de un coleccionista que lleva años fascinado por lo que se trajeron entre manos los rusos que iban al margen de las imposiciones.
La exposición podrá visitarse hasta el 10 de enero de 2016. La entrada es gratuita y los horarios son de 18 a 21 horas de martes a domingo hasta el 15 de septiembre, y de 17 a 20 horas de martes a sábado y de 11 a 14 horas los domingos y festivos.


JEAN-JACQUES GUÉNON EN LA INAUGURACIÓN DE LA EXPOSICIÓN.


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