(Artículo) Entrada en las entradas



Lunes, 13 de julio. Podría empezar este artículo repasando los titulares del diario —un joven citando La Vanguardia queda bien; de hecho, un joven haciendo cualquier cosa queda bien, es como un bebé— pero no lo tengo en mis manos. Creo que mi padre solo lo compra de miércoles a domingo y las calles, a las siete de la mañana, son demasiado silenciosas como para ir a por él. Estaría dispuesto a salir si fueran las siete y media, porque entonces abre la Fet a mà y no hay nada más gustoso que el pan de molde caliente. Sonará arriesgado, pero incluso en verano me gusta.
Que haya empezado este artículo diciendo qué día es hoy no debe pasarse por alto. Es obvio que, si lo hubiera dicho por decir, ahora sería el momento perfecto para suprimirlo. Pero lo mantendré, al igual que en las columnas de periódicos se mantienen las fechas largas cuando el objetivo del texto es felicitar a alguien. O hacer homenajes, que se dice cuando el cumpleaños del susodicho ya ha pasado y al columnista se le había olvidado.
Un trece de julio empecé a escribir mi blog (http://xaviersires.blogspot.com.es/). Y algún lector dirá: qué inútil es este tío, que publica el artículo en su propio blog y, al referirse a él, añade un enlace como si estuviera publicándolo en otro medio. Pero tampoco a eso le falta justificación: He tenido tantos blogs como anillos. Aunque ya no los use tanto, siguen habiendo un montón en los cajones de mi cuarto. De anillos, digo.
El blog esencial, ese con el que arranqué, fue este. En dos mil once, cuando tenía trece años y, si no calculo mal, estaba a poco de empezar segundo de la ESO. Titulé la primera entrada: «¿Quién soy yo?», lo que apuntaba a maneras, ya que parece que no haya hecho otra cosa que intentar explicarme quién leches soy yo. Por otro lado, el cuerpo de la entrada sería mejor olvidarlo.
Ahora, echando un ojo a la primera entrada entre los archivos del blog me río al ver la foto con la que la acompañé: Mi ojo, detrás de unas gafas que debían de ser de aviador. El cabello echado hacia delante. Una línea de pintura negra que iba desde mi párpado hasta el pómulo (sí, bajando como una lágrima, como una gota de baba). La saturación de la foto está echada a perder por lo alta que es. Además le puse una gran cantidad de eso que en Photoshop llaman ruido. La calidad es pésima, pero, qué le vamos a hacer, tenía trece años y no pensaba en lo nítida que tenía que ser la foto, sino en que, cuanto más fuertes quedaran los tonos, más molaría.
La entrada dice así: «¡Hey! I'm Xavier Sirés. I'm from Barcelona. I love the art and i like writting and reading. Writting is my passion :D. He creado un blog porque ya casi todo el mundo tiene su propio blog,¿porque yo no puedo tener el mio? :3 <- ATENCIÓN: No es mi primer Blog, solo que los otros ni me acuerdo de la contraseña ni quiero acordarme ;)» Conciso. Sí, más conciso de lo que sería hoy. He conservado los errores por rigor histórico. Tanto emoticono bobo me hace pensar en un tiempo en que era más importante decorar los mensajes con caritas que describir cómo te sentías con palabras. Vaya, o por lo menos era así para mí y unos cuantos de mi generación. Lo veíamos práctico porque cada emoticono tenía un significado universal, menos los que llamaríamos ambiguos, como el: :l ¿El :l qué quería decir? ¿Indiferencia? ¿Incomodidad? ¿Que tenías los labios delgados? ¿Sinuosos, por la cola de la ele? Es una cuestión casi tipográfica. No me meteré en eso de lo que no sé ni jota.

RETRAT DEL MEU FILL, DE FELIU ELIAS
FUENTE: http://francescvayreda.olot.cat/mariona.html

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