(Microcuento) El ser, el lugar, el tiempo perfecto (Continuación de La humildad despertándose)



Pasamos diez minutos más en la cafetería. Cuando otra ola de clientes entró, vimos que era el momento de irnos. Nunca había soportado los sitios abarrotados, y, claro, Salvador tampoco los soportaba. A fin de cuentas, era el humano perfecto, y eso era incompatible con ser alguien que disfrutase con las multitudes. La perfección se vive en secreto, ¿no es así? Cada artista se la guarda para sí, y lo que después muestra al público es solo un pequeño bocado de ella.
Una vez nos encontrábamos en la calle, Salvador puso su mano sobre mi hombro. Yo le miré, preguntándome qué quería decir con esa señal. Comprendí que el frío de la ciudad se clavaba en cada poro de su piel con más violencia que como lo haría en un hombre normal. Aprovechando que yo tenía las manos calientes, fregué sus brazos con ellas, y le di un pequeño empujón. Empezamos a caminar, y, en un abrir y cerrar de ojos, habíamos llegado a la Fundación Tàpies. Pasamos con el sigilo de una pareja de fantasmas por la primera planta, y, al llegar a las escaleras que daban al segundo piso, nos echamos a correr. Quería enseñarle esa biblioteca que siempre me había parecido tan elegante, amarga y oscura. Paseamos por delante de las obras de Antoni Tàpies y compañía. Salvador no pudo evitar tocar algunas de estas. Esas mezclas de pintura con materia lo habían vuelto loco. Aunque ni él ni yo conocíamos demasiado al artista, nos habíamos enamorado de lo revolucionario que había en cada uno de esos cuadros. Como estábamos solos, me permití el gusto de tocar alguna textura yo también. Como unas gotas de capuchino se habían secado en la yema de mis dedos, manché el lienzo.
En ese mismo piso había la biblioteca. Creía que sería del gusto de Salvador; había algo que él compartía con ese lugar, aunque solo yo sabía que existía ese vínculo. Me sentía en el deber de llevarle hasta allí, tenía de cumplir como celestina que conecta los vasos comunicantes. El lugar perfecto con el ser perfecto, o, en otras palabras, el personaje y el espacio perfecto. Solo les faltaba el tiempo perfecto para dar como resultado una obra maestra, pero eso ya no estaba a mi alcance.
Cruzamos una puerta de cristal, a través de la que pasamos a la biblioteca. Todos los libros, que habían estado murmurando hasta entonces, se callaron de golpe. Pululamos por allí como dos polillas que han perdido el apetito por la ropa y que buscan comidas más exóticas, como las reflexiones de Umberto Eco.
Empezamos a sacar libros, a gritar lo que sus páginas decían y a reír por lo felices que éramos rodeados de tantas historias que tenían una cosa en común: todas, dejando de lado los temas que tratasen, se trataban a ellas mismas. Y no había un solo libro en todas esas filas que no hubiese sido escrito después de la consciencia de cada letra del abecedario. Sus palabra y la manera en que las habían tejido entre ellas era lo que las unía, en otro tejido aún más grande. Esos párrafos eran bufandas hechas por manos que conocían y querían seguir conociendo, y los hilos de esas bufandas estaban hechos con cruces de otros hilos, que a la vez se hacían con otros hilos. No había un solo libro que no hubiese sido tejido a partir de otros.
Cuando llegó el momento de irnos, Salvador ya no estaba conmigo. Se había escondido en ese laberinto. Entendí que le había gustado tanto que no quería irse, y yo no era quién para impedírselo. Robé un par de libros que me habían despertado la curiosidad y salí de allí.
Me sentía como quien acaba un rompecabezas de dos piezas, una de las cuales se encuentra en el Polo Norte, y la otra en el Polo Sur.
Bajé las escaleras de nuevo. A cada peldaño que pisaba, mi sonrisa se ensanchaba un poco más. Cuando estaba en el penúltimo peldaño, salté de ese al suelo, y con un gesto de lo más sutil me despedí del mundo que dejaba atrás.

2 comentarios:

  1. Hay dos frases en las que dices "como que" en lugar de "como" simplemente, que es la forma correcta en castellano, a mi parecer. Podría jurar que tienes algo de influencia del catalán en algunas expresiones y, amic meu, hauries de vigilar aquesta influència!

    RobinRêve.

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    1. Ahora mismo echo un ojo a esos errores. No tenía ni idea de que era así, la verdad.
      Cierto que debería vigilar más. Se procura, se procura... Pero, claro, siempre queda algún catalanismo que no he detectado porque, desde mi punta de vista, parecía correcto.

      ¡Muchas gracias por tu ayuda!

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