(Poema) En las reuniones de amigos



El reloj de pared toca la medianoche,
Pero todos prefieren pensar que
Esa medianoche todavía es un cuarto de noche,
Y que en realidad la acción está por llegar.
Que sus historias no son tan aburridas
Y que las copas que beben aún tienen
Que taponar sus corazones.
Todos están cansados, pero no de todo.
Algunos se toman fotos que luego borrarán
Para no dejar rastro de esa desastrosa velada.
Algunos otros conversan sobre el cielo
Y el techo, la única barrera que se interpone.
Los más intelectuales (o quizás solo lo aparentan)
Charlan sobre literatura y ciencia mientras
En una mano agitan sus bebidas rebajadas
Con unos centilitros de pedantería.

La reina es la primera en abandonar la reunión.
Ella sabe cuándo uno debería retirarse
Y dejar que la noche cayera, que entrara en
El espiral en el que acaban todas.
El rey es el siguiente, que sigue a la reina, o tal vez
Se va con un peón confuso, ¿quién sabe?
Los peones se marean cuando llegan las doce
Y vomitan sobre el tablero, sobre las casillas negras
Y sobre las de blanco chocolate también.
Luego suben a sus caballos y avanzando dos
Casillas al frente y una de lado se van.
En la fiesta solo quedan las torres (de música, ellas
No pueden escaparse) y los alfileres. Ellos van perdidos,
Son los últimos en irse, y los primeros en recoger.

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