(Microcuento) Los andróginos de Londres



En las noches de otoño, para acabar con el frío que azotaba las calles con correas de cuero inexistente, un par de andróginos vestidos con camisones y maquillajes relucientes poseían los clubes más selectos del ambiente londinense.
Cuando ellos entraban se oía el murmuro de los que no conocían los placeres exóticos de la vida, los mismos que nunca habían viajado ni curioseado.
Algunos, que se creían los más elegantes, se negaban a compartir su aire con esos dos, y, entonces, se iban del local. Resentidos del montón que a nadie les importaban. Mejor se estaban en sus mansiones, abandonados y sumidos en la oscuridad y el silencio de los ricos.
Sin embargo, para los gentlemen y ladies que sí aceptaban la presencia de los andróginos, estos les ofrecían espectáculos que a todos entretenían. Pisaban la pista de baile y la conquistaban, sin la necesidad de grandes ejércitos ni cañones de acero. El chasqueo de sus plataformas eran suficientes para que la música se rindiese a sus pies y todas las luces —azules, turquesas y marinas—enfocaran sus cuerpos, vendidos a los ojos del público.  





Tríptico de OTTO DIX

2 comentarios:

  1. Me recuerda a la sociedades del siglo xix... con sus ásperas clases sociales, tan divididas pero tan iguales.
    Saludos Xavier

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