(Microcuento) Caricatura de ese viejo



La luz del crepúsculo bañaba las formas metálicas de la puerta que accedía al Parque de la Ciudad con tonos de cobre. En los interiores, la escarcha había ido dejando su rastro por el césped que forraba todo el suelo, tiñéndolo de blanco. Era una mágica estampa. Desafortunadamente, nadie solía pasear por allí salvo un par de vagabundos errantes y el jardinero.
Encima del único banco que había sido colocado en ese lugar un borracho de cincuenta años, completamente desnudo, bebía de una botella inacabable, que había cubierto con una bolsa de papel para que no le resbalase de entre las manos y porque le avergonzaba la marca barata que la sellaba.
Cuando se hubo saciado, vertió por todo su cuerpo lo que quedaba de bebida. Entonces entré al recinto, después de haber estado mirándole durante un cuarto de hora, y le pregunté por qué lo había hecho. Él me respondió que porque, si su lógica no le fallaba, haciendo aquello conseguiría que su cuerpo oliera tan bien como el champagne del que había bebido.
No creo que se le hubiera ido la chaveta, solamente quería ser amado. Ah, sí, y lamido.  





ESTUDIOS PARA LA CABEZA DE SAN PEDRO, de AGOSTINO MASUCCI

2 comentarios: