(Diario de adolescencia) 29 de julio de 2013



Si lo sigo negando explotaré, al final. Siento la necesidad de amor, la imperiosa necesidad. Besar, abrazar, sí, sobre todo abrazar, sentir la presión de un cuerpo musculoso encima de mí. El amor me está destruyendo y aún no lo he probado. Parece peor que la cocaína y todas esas delicias incomprendidas.

En cuando llegue mi ansiado triunfo, llamaré a un psicoanalista y a un biógrafo de gran talla y les rogaré que escriban una biografía sobre mí. Luego, al editor, le pediré una portada de cuero y páginas con olor a resina.

No existen unas condiciones idóneas bajo las que siempre se debería escribir, solo excusas para no ponerse manos a la obra cuando uno se siente perezoso.

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