jueves, 27 de junio de 2013

(Poema) I




El escultor fracasado del Renacimiento ya terminado
deambulaba por las sucias calles parisinas, pensativo,
hundido en una laguna de dudas, cuestiones sin resolver,
preguntándose la razón por la que el éxito nunca le saludó.

Frente tal catedral, ahogado por el humo de su propio cigarrillo,
lloriqueaba e imploraba una miserable oportunidad más
para iluminar el mundo con la belleza de la piedra y el pico,
la hermosura que inventan los virtuosos… ¡malditos virtuosos!

¿No estoy en lo cierto, desconocido? ¿Por qué el Arte escrito
con mayúsculas solo saben fabricarlo con sus santas manos
aquellos que han nacido ya teniéndolas de oro macizo?

Y a fin de cuentas, tanto el escultor como yo, un mal escritor,
nos damos cuenta de que por más libros leídos y pinturas estudiadas
nuestro fin será el mismo del de cualquier hombre idiotizado.