(Artículo) La preocupación por la vejez




Cuando encuentro una persona anciana no me compadezco de su vejez, veo en ella una flor de loto que ha sido cubierta por arrugas de barro y varices de polvo. No hay nada de malo en ello.

El hecho de envejecer me lleva fascinando desde que era un crío, adoro pensar que algún día me saldrán canas o que otro comenzaré a babear por las comisuras de mis labios. Envejecer no es un torbellino repentino, sino una leve brisa marina que le cubre —no solo de forma física—con su grueso manto mientras duerme, y tal vez sea mañana el día en que usted se despierte y advierta todos esos flecos alrededor de sus ojos, que progresivamente han ido saliendo sin que ni se inmutase en su presencia.
No creo que se sufra cuando se le cae encima a uno el peso de los años, más bien debe ser una sensación de nostalgia y júbilo entremezclados.

No quiero acelerar el paso del tiempo, aunque tampoco le daría demasiada importancia a un día mirarme al espejo y hallar a un viejo jorobado, más bien me alegraría de que mi edad adulta hubiese transcurrido con tanta fluidez y sin graves complicaciones.
No hay nada más preciado por los humanos racionales que la Sabiduría y su hermana lesbiana, la Cultura. Tanto una como la otra se obtienen tras décadas de estudio. Ciertamente, no creo que fuese fácil de aceptar en una sociedad culta a un joven con el nivel de conocimiento de un octogenario ex-bibliotecario, en la mayoría despertaría la envidia, y lo más seguro es que en otros causara admiración, algún loco hasta le llegaría a rendir culto y, ¿porqué no? Considerarle un dios también.

Llegados a este punto podrían sobrentender que la mía se trata de una persona que teme in extremis a la muerte, puesto que si tanto quiero disfrutar de mi futura tercera edad probablemente quiera prologarla hasta los extremos más tensos. Temo anunciarles que se equivocan, me traería sin cuidado morir mañana mismo siempre y cuando me enterraran envuelto de joyas y que se invirtiera toda la fortuna familiar en el funeral. No he perdido nada en este mundo salvo oportunidades irrepetibles y palabras extraviadas entre meditaciones escritas y relatos.





FOTOGRAFÍA TOMADA POR LAURA R.

7 comentarios:

  1. La vejez es tanto más bella proporcionalmente hablando y en mi opinión, si hasta ella has vivido y embarcado en una larga, larga travesía de experiencias, desaosiegos, alegrías y cómo no, penas, errores y complicaciones. Me gusta tu visión de este natural y fisiológico proceso pero no puedo estar de acuerdo contigo y pensar que verdaderamente no te importaría morir mañana. En serio no te importaría, es más, no estás ansioso por despertar, que hoy sea mañana y así poder descubrir cuál fue el origen de esas arrugas que sin duda embellecerán tú rostro? Amigo mío, para que es la vida sino para vivirla?
    Y disculpa mi perorata, hoy me he levantado dramaturga ;)

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  2. Xavi, excelente!. ...."No hay nada más preciado por los humanos racionales que la Sabiduría y su hermana lesbiana, la Cultura." Me encantó!. Beso.

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  3. Está bien, es un buen punto de vista, pero en mi opinión tienes demasiado del aire oscuro de Zafón, que si no me equivoco, seguro que idolatras. Si tuvieras tu estilo màs definido podrías llegar mucho más pero vas por buen camino, sigue así de entusiaste y llegarás lejos!!

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    1. No creo que exista punto de comparación entre Zafón y yo, somos universos enteramente distintos.
      Por más que lo admire, nunca lograré captar su esencia, igual que si él supiera de mí y tratara de imitarme jamás lo lograría. Pueden ser estilos parecidos, aunque nuestros rumbos literarios, ideológicos y rumiantes están opuestos.

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  4. Dicen por ahí que 'todos queremos llegar a viejo, pero nadie quiere serlo', por eso el mito de la eterna juventud y las operaciones estéticas para ocultarnos de nosotros mismos, no del tiempo, sino de nuestro verdadero rostro.

    Saludos!

    J.

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  5. El ignorante

    Cuanto más envejezco, más crezco en ignorancia,
    cuanto más he vivido, menos poseo y menos reino.
    Todo lo que tengo es un espacio alternativamente
    nevado o brillante, pero nunca habitado.
    ¿Dónde está el dador, el guía, el guardián?
    Permanezco en mi cuarto y de momento me callo
    (el silencio, como un sirviente, viene a poner un poco de orden),
    y espero a que las mentiras se aparten una a una:
    ¿qué queda? ¿Qué le queda a quien muere
    que le impide morir? ¿Qué fuerza
    le hace hablar aún entre sus cuatro paredes?

    De "El ignorante" 1957
    Versión de Rafael-José Díaz

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