(Artículo) Un estudio de estío



El verano pasado desenvolví, en una de mis libretas de cuero negro, un método filosófico mediante el cual todo ser humano podía alcanzar su conocimiento pleno y el dominio de su identidad.
No se trataba de algo complicado, ni tampoco demasiado costoso de poner en práctica; para su realización correcta era necesario solamente una mente que pudiera mover océanos y alterar  astros.
En este estudio he basado mi estilo de vida tanto exterior como interior, transformándome a mí mismo en lo que ansiaba ser.
La transición de lo que un día fui a lo que hoy en día podéis ver fue lenta.
Sin embargo, a largo plazo pudo observarse la metamorfosis del impostor que pasa a convertirse en lo que fingía ser.
Comencé colocando los andamios en mi carácter ― por aquel entonces carente de total singularidad ― para terminar limando las imperfecciones irregulares de estupidez que en él habían.
            Mi filosofía era clara, habiendo una frase que yo mismo había reflexionado que venía a ser su himno; no seas quien eres, sé quien quieres ser.
Así pues, imaginé una sociedad que se reinventaba a sí misma a través de unos moldes que ella escogía. No importaba que fueras de cabello ennegrecido y ojos castaños, si te lo proponías podías llegar a ser el albino de pupilas verdes más seductor que nunca había sido bautizado sobre la faz terrestre.
Mi teoría no únicamente afectaba a la estética, sino que también a la actitud, a los modales, al porte, al vivir.
Defendía que si estabas acostumbrado a unos hábitos concretos y los programas televisivos que solías ver mostraban unos personajes determinados, acabarías siendo el reflejo de todo ello.
Por lo tanto, una persona que deseara convertirse en un dandi del siglo diecinueve siendo en aquél momento un obeso cuarentón del veintiuno, debía acercarse inmediatamente a la librería más cercana y adquirir un ejemplar de El retrato de Dorian Gray, otro de Las flores del mal y otro de Nuestra Señora de París.
Si tú, mi amado y siempre respetado lector, pretendes ser alguien amable, jovial y solidario mi recomendación es dejar de leerme.
Déjate influenciar por lo que te envuelta, aunque no lo quieras acabará trastornándote. 





''THE SIN'', de EDVARD MUNCH

4 comentarios:

  1. Maldito seas entre las letras, joven espíritu que intenta buscarse así mismo, ¿Crees que podrás hablarnos de tu silencio pensativo? ¿de las inquietudes de tu "yo"? Sera mejor que busques a la poesía, puede que te este esperando...

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  2. Bueno te dejo mi opinión: Yo pienso que no deberíamos aspirar a ser quién no somos, porque entonces se perdería la esencia de quien realmente somos, y el motivo por el cual fuimos creados (independientemente de la religión en la que se crea) se perdería, y la razón de nuestra existencia no tendría sentido. Ahora bien, si se quiere cambiar, que sea de algo malo algo bueno, debe ser para algo que produzca un beneficio no sólo en nosotros, si no también en los demás. Y digo, la idea de convertirse en el estereotipo (hombres) del chico guapo, rubio, de ojos verdes y musculoso no sirve para nada, porque se basa en lo físico y no en lo que uno lleva por dentro, y eso con el tiempo deprime porque se dan cuenta de que la gente los quieren no por quien realmente son, si no por una apariencia que con el tiempo se podría perder, y que yo sepa,en este mundo, todos quieren que los amen por quien realmente son, y no por lo que otros quieren que sean. Además, allá afuera hay alguien esperando encontrarnos, y todavía no nos encuentra. Alguien que nos quiere amar por lo que realmente somos.

    Ahora, algo que si se podría cambiar, que tendría un buen efecto en muchas personas, sería el ladrón que se convierte en una mejor persona, deja de robar, y se consigue un trabajo digno.


    Y de paso, desde hace rato quiero leer El Retrato de Dorian Gray, y no sé dónde conseguirlo, así que si me puedes dejar un link de una página web en la que pueda leerlo, bienvenido sea.

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  3. Preciosa reflexión, y te doy toda la razón en eso de que se refleja en nuestra actitud todo lo que vemos en televisión. Saludos :)

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  4. Guardo archivos, libretas y cuadernos que no he vuelto a ver en más de 6 años, y no porque les tema, sino porque sé muy bien que quien los escribió ya no soy yo.

    Esa es la gracia, dicen.

    Saludos

    J.

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