sábado, 30 de marzo de 2013

(Artículo) Un estudio de estío



El verano pasado desenvolví, en una de mis libretas de cuero negro, un método filosófico mediante el cual todo ser humano podía alcanzar su conocimiento pleno y el dominio de su identidad.
No se trataba de algo complicado, ni tampoco demasiado costoso de poner en práctica; para su realización correcta era necesario solamente una mente que pudiera mover océanos y alterar  astros.
En este estudio he basado mi estilo de vida tanto exterior como interior, transformándome a mí mismo en lo que ansiaba ser.
La transición de lo que un día fui a lo que hoy en día podéis ver fue lenta.
Sin embargo, a largo plazo pudo observarse la metamorfosis del impostor que pasa a convertirse en lo que fingía ser.
Comencé colocando los andamios en mi carácter ― por aquel entonces carente de total singularidad ― para terminar limando las imperfecciones irregulares de estupidez que en él habían.
            Mi filosofía era clara, habiendo una frase que yo mismo había reflexionado que venía a ser su himno; no seas quien eres, sé quien quieres ser.
Así pues, imaginé una sociedad que se reinventaba a sí misma a través de unos moldes que ella escogía. No importaba que fueras de cabello ennegrecido y ojos castaños, si te lo proponías podías llegar a ser el albino de pupilas verdes más seductor que nunca había sido bautizado sobre la faz terrestre.
Mi teoría no únicamente afectaba a la estética, sino que también a la actitud, a los modales, al porte, al vivir.
Defendía que si estabas acostumbrado a unos hábitos concretos y los programas televisivos que solías ver mostraban unos personajes determinados, acabarías siendo el reflejo de todo ello.
Por lo tanto, una persona que deseara convertirse en un dandi del siglo diecinueve siendo en aquél momento un obeso cuarentón del veintiuno, debía acercarse inmediatamente a la librería más cercana y adquirir un ejemplar de El retrato de Dorian Gray, otro de Las flores del mal y otro de Nuestra Señora de París.
Si tú, mi amado y siempre respetado lector, pretendes ser alguien amable, jovial y solidario mi recomendación es dejar de leerme.
Déjate influenciar por lo que te envuelta, aunque no lo quieras acabará trastornándote. 





''THE SIN'', de EDVARD MUNCH