viernes, 22 de febrero de 2013

(Artículo) A sangre fría con la censura



En defensa del desnudo artístico, del coito cinematográfico, y del gore desenfrenado salgo yo, un cuestionado escritor con ganas de batallar en contra de las opiniones ajenas a la mía.
Conozco lo suficiente los escándalos que han sucedido a lo largo del tiempo en el campo del arte como para protestar, ahora, por l’art pour l’art, el arte por el arte, el arte por la gracia del arte.
Si un novelista desea escribir acerca de una velada de masoquismo sexual entre eurodiputados actuales, está en su pleno derecho de hacerlo.
Si un reputado dibujante pretende ilustrar un romance entre Adolf Hitler y Franco… que lo haga, adelante, yo le aplaudiré.

Hace alrededor de un año dos cócteles molotov fueron desactivados en el interior de la galería madrileña Fresh Gallery, en medio de la polémica por la exposición Obscenity, del asombroso Bruce LaBruce, quien erotizaba en esta el significado del catolicismo.
No mucho más hará de cuando en Corea del Sur se prohibió la venta y distribución de Las 120 jornadas de Sodoma, cuyo autor es el marqués de Sade.
Tampoco debe caer lejos el día en que una ilustre organización cristiana acusó Juego de Tronos, una serie que en mi opinión solo podría ser culpada por su soberbia, de inmoralidad, pidiendo a la vez su cancelación.

Quienes creyeron que los tiempos en los que, por medio de la justicia, se callaban los versos de Baudelaire habían terminado deberán regresar a las trincheras a lidiar por el derecho a la palabra y a la imagen libre. 





Un estudio de GIOVANNI BATTISTA LUSIERI