sábado, 8 de diciembre de 2012

(Poema) Sobre la plenitud de la pluma


La estilográfica que supura
Sangre negra por su tráquea
Y da nombre a la magnificencia
De todo presuntuoso poeta.

Baña su hocico en un pozo de tinta,
De tinta colérica y embriagada.
Luego atiza al papel en blanco,
Al temible y pulcro papel en blanco.

Tú, que tantas inspiraciones me valiste,
Fuiste la guinda del pastel de mis poemas
Y la más perfumada de mi reino literario,
De arabescos trazos te colmabas…

Cerqué el plumier idóneo, que pudiese
Ceñirse a tus curvas y a tus alas profanas,
Contigo solo cincelaba la poética más hereje,
El verso que se amarra al excelso Fausto.

Con nada más que tu única presencia
Podía terminar eminente y extasiado.
Si algún día todo el universo se derrumba
Solo a ti te requiero entre mis manos.