(Poema) Esposo Cadavérico


Un murmullo de brisa mece tu gruesa melena
Eternamente azabache, como tu alma.
En tiempos pasados surcamos las joviales praderías
Donde ahora solo encuentrase hostil hojarasca.

La palidez se ciñe a tus labios,
Y a tus mejillas, y a tus manos.
Pues estas últimas son el reflejo de la vida,
Un reflejo que termina por decolorarse.

De nada servirá el embellecedor cobalto de tus ojos
Cuando tu único deber sea cerrarlos.
Poco útiles serán los sedosos lirios
Para alguien que ya no puede olerlos.

El abatido cigarrillo consume
Sus moribundos suspiros en tus dedos,
Y cada vez que lo conducías a tu boca
Formabas ebrios aros con su humo galano.

Y vuelvo sobre mis pasos al contar sobre tu cabellera
Que parcialmente era lacia, pero ondulante en su cauce.
De la que cierta sensualidad hacía que me estremeciese
Siempre que dulcemente la acariciaba. 

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