(Relato) Trilogía de Cuentos Macabros - Cuento Para Madres Infames


Safo descansaba su delicado cuerpo encima del sofá granate, en el salón. La noche anterior había dado a luz y ahora estaba más que exhausta.
La dulce chiquilla que había concebido era dotada de exuberante hermosura. Los cabellos que asomaban de su aún frágil cabeza eran de un cándido color y sus ojos inmensas lagunas verdosas.
Encima del regazo de Safo reposaba la minúscula niñita, sumida en un plácido sueño.
La criada, y ahora también nodriza, que había ayudado a Safo durante su embarazo y parto acababa de irse a su propio hogar, a alimentar a sus seis hijos a merced de un mísero sueldo.
Safo abrió los ojos pocos minutos después. Se encontraba famélica, entonces se percató en que ya hacía media jornada que no comía nada.
Metió el cuerpecito de la cría en su cuna y se dirigió a la cocina.
Al ver que no había nada de nada rememoró el instante en que la sirvienta le había advertido que habían agotado todos los víveres y que ya se encargaría al día siguiente de ir a comprar.
Decidió buscar alguna alternativa, y la halló.
Tomó la infanta entre sus brazos y acercando un afilado cuchillo de carnicero a esta la degolló. Luego la desmembró. Luego introdujo los pedazos en una sartén. Luego lo cocinó. Luego lo roció con varias esencias. Luego lo devoró.
A la mañana siguiente le contó lo sucedido a la sirvienta en cuanto llegó. Los ojos para aquel entonces ya desorbitados de esta le hicieron pensar en que algo había estado mal en su proceder.
Esta echó a correr y pocos segundos después un portazo se oyó.
Al cabo de un cuarto de hora seis policías hicieron acto de presencia en la estancia.
Safo no lloró cuando la detenían.
Al sentenciar frente al juez expuso que no creía haber hecho atrocidad alguna, que encontraba injusto que la fueran a enchironar por el mero hecho de querer solventar su hambre feroz. Nunca se arrepintió.



Relato perteneciente a la Trilogía de Cuentos Macabros publicado en la bitácora ‘Inquietudes Malditas’ en el mes de septiembre de dos mil doce, por Xavier Sirés. 


3 comentarios:

  1. Historia corta pero llena de acción: admirable.





    Rosa (:

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  2. ¿Por qué habría de arrepentirse?

    La justicia siempre depende del lado en que se la mira...

    Saludos

    J.

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