(Cuento breve) El doble talante

La biblioteca pública solía estar transitada los sábados de buena mañana, sobre todo en la sección de ordenadores, donde ejércitos invencibles de estos franqueaban una docena de hileras pobladas por teclados, auriculares y pantallas.
Un hombre que debía rozar la cincuentena de edad, con ojos de apagado color, cabello oscuro con brotes cenicientos y varias cicatrices por todo el rostro, se encontraba sentado frente a un ordenador cualquiera, observando fijamente la pantalla. En ella se dibujaban cuerpos desnudos desbordantemente voluptuosos formando insinuantes ademanes con sus curvas. Unos senos por aquí, un genital por allá, todo era público en ese escenario. 
El demente señor se mostraba complacido delante de esa procesión de imágenes explícitas conforme las iba descargando una a una en un dispositivo de almacenamiento. En cuanto terminó la ruda labor se levantó de su silla y se retiró. Más tarde, un estudiante ocupó su lugar.
La tarde del mismo día había surgido radiante, regocijante de ambiente primaveral, y aparentemente serena. En la biblioteca no había tanta gente como por la mañana, pero aún así la cantidad era considerable.
Ante uno de los ordenadores una chiquilla manejaba el teclado y el ratón con destreza, cercando por la red en busca de contenido multimedia infantil que piratear a su videoconsola. A su lado, un hombre que debía rozar la cincuentena de edad, con ojos de apagado color, cabello oscuro con brotes cenicientos y varias cicatrices por todo el rostro le decía –Date prisa, hijita mía, ya sabes que a las siete tienes clase de piano-. 

2 comentarios:

  1. Escalofriante, irónico, breve (como el título indica, ya), incómodo y, en resumidas cuentas, guay. Me quedo.

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  2. Las cosas siempre parecen cambiar de un día para el otro...

    O no lo hacen en lo absoluto.

    Saludos

    J.

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