(Artículo) Ojos de minino



Caía el crepúsculo cuando el suceso que voy a relatar lo más brevemente posible acaeció. Me encontraba en el salón de mi morada, con mi gato acechando en mi regazo, reflexionando en la penumbra más silenciosa.
Iba a levantarme cuando me percaté en algo, mi estimado felino, de raza siamesa, no quería moverse, quería seguir en mi regazo, dormitando. Entonces, volví a mi postura más aflojada y le miré fijamente a esos azulados ojos. Entonces me planteé la imperante cuestión, ¿no había sido muy cruel la Madre Naturaleza al conceder al ser humano el don del saber y no a demás razas? Este planteamiento me perturbó, pues veía a diario a individuos malgastando inútilmente su existencia mientras demás seres podían darle mayor provecho. Para aquél entonces mis ojos ya se habían convertido en sigilosas lagunas anhelando colmar sus lloros y esparcirse por mis mejillas. Lamenté que ese ser al que tanto quería no pudiera comprenderme, y al advertir en sus ojos muestras de melancolía ya fue la estaca por la cual mis lágrimas descendieron por mi empalidecido rostro. Me enjugué mis lágrimas y cerré los párpados, necesitaba descansar.
¡Maldita realidad! ¿Porqué dueles tanto?

2 comentarios:

  1. La relatividad de pensar que algunos dones se pueden convertir en maldición.
    Aunque nada superará el don de los gatos y su fabulosa y evasiva mente.
    A veces pienso que los humanos quedamos a la altura del betún ante ellos.
    Muy buen texto.
    Besos de golondrina.

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  2. Estas seguro de que no puede comprenderte?
    Los animales a veces entienden mejor a su dueño mejor de lo que te podría comprender un ser humano

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