Infrahedores

Durante ese extenso intervalo de tiempo denominado invierno acostumbro a ser una persona de lo más propensa al resfriado, mejor dicho, prácticamente estoy resfriado durante toda esta estación, lo que me condiciona que mis fosas nasales queden opacadas por una opulencia de sustancias viscosas de origen biológico
y me veo obligado a respirar por la boca (esto me propina ser una persona muy enfermiza ya que toda bacteria tiene campo libre por mi garganta para infectar mi organismo). Total, parecía que hoy iba a ser el día en el que me librase de este jodido lastre por un tiempo. Salí de mi morada con una sonrisa de pómulo a pómulo, casi siniestra. Preparé mi nariz pocos segundos y a continuación dejé que las olores del mundo inundaran mi sistema olfativo. Cuál fue mi sorpresa cuando al intentar saborear esas exquisitas olores advertí en que no eran tan exquisitas, eran unas desdichas hedores a inmunda alcantarilla, a rata, a estiércol, a excremento, a algo jodidamente repulsivo. Seguí andando con la esperanza de que unos pasos más adelante ''eso'' cesara y que una fragancia de flores me asfixiara, pero no fue así, el hedor siguió hasta mi llegada al recinto hacia el cual me dirigía. Todo esto me recordó a esa primera escena de la película, y también novela (por cierto, muy buena), ''El Perfume'' en la que la fetidez de un sucio mercado parisino en la Edad Media perturbaba al recién nacido protagonista. Y mi pregunta es -¿A fecha de once de abril de 2012, es normal que las calles despidan un tufo asemejado al de un mercado de 1491?-. En fin, las cosas van mal.

2 comentarios:

  1. Me gusta cómo escribes. Te seguiré leyendo. Y me gustó el cambio de nombre del blog.

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  2. ¡Shhhhht! Pero no te quejes.... El Gran Ojo ha empezado a observarnos...

    ¡Felicidades por el blog!

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