(Microcuento) Un sábado extraordinario



Obra del ilustrador argentino Santiago Caruso.

Me despierto a las seis de la tarde, con sudores por todo el cuerpo, sin saber qué día es, con la boca reclamando un vaso de agua y todo mi cuerpo queriendo quedarse tendido sobre la cama para toda la eternidad. Por la ventana blanca se filtran unos rayos de luz que me permiten distinguir todos los elementos del lugar. Me dispongo a levantarme, a pesar de llevar encima una pereza descomunal. Me incorporo. Dejo fluir una tos retenida en mí en la que se advierten mocos, repulsivos ellos. Tras usurpar dos o tres pañuelos de papel de mi cajita de Kleenex voy al baño a contemplar mi reflejo en el espejo. Quedo embobado frente a este, con la mirada fija sobre mi otro yo que vive dentro de ese lienzo dinámico. De mis ojos marrones surgen unas lágrimas, formando dos lagunas de gotas cristalinas que desean colmar de mis ojos y explorar las mejillas.
El maléfico dolor situado en mi oreja izquierda se me hace insoportable.
-¡Jodida otitis!- murmuro. Una otitis que dio comienzo el día anterior, viernes, en el Delta del Ebro con una canoa que vuelca y una mugrienta agua mezclada con excremento de oca que invade mis oídos. Pero, aún así, agradezco el haber pasado ya los dolores más punzantes, los cuales acontecieron dentro de un claustrofóbico autobús en el que se me presentaban cuatro horas de viaje por delante. Ah, y mi madre se esfuerza en convencerme de que es algo peor que una otitis, por los síntomas, como una perforación del tímpano.
Me dirijo a la cocina, explorando todos los armarios de madera, requiriendo algo que comer y que así sanen de una vez por todas los ronroneos de mi estómago. Encuentro una caja de galletas saladas a la que reacciono con una sonrisa hasta los pómulos. Vuelvo a mi habitación con mi hallazgo en mano. Me planto delante del ordenador, en mi cómodo asiento. Reviso Twitter, reviso Facebook, respondo mensajes, hago unas llamadas, todo sin levantarme de mi silla. Escribo este artículo y vuelvo a mi cama. Preveo que no me levantaré hasta domingo. Y aquí termina mi día.
Jodida otitis. Jodido dolor. Jodido sábado extraordinario de mi vida.

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