El tiempo cerrará las heridas del pasado

Comenzaré por dar motivos, impulsos, como queráis llamarlo, por los que publico esta crónica. ¿Tal vez porque os tengo muy dejados de lado, mis queridos seguidores? ¿Tal vez porque no quiero perderos? ¿Tal vez a causa de que preciso contar esto a alguien como cura de mi cotillatitis?
Esta podría ser la historia de mi vida, oh, no, la de mi vida no, tampoco debo exagerar, la historia de la amistad. Sí, mejor, la historia de la amistad, si hasta tiene gancho. Laaaa histoooriaa deeee laaa amistaaaad. Sí, pues tal, os dejo con mi particular historia de la amistad. Basada en mi atrayente vida. ¡Ah! ¡Por cierto! Lo escribiré muy informalmente, os lo digo para que no penséis que escribo tan mal como la mierda que voy a redactar.
Ahora sí, venga, aquí está;                     
Todo empezó hace unos 9 años, talvez 8. Yo aún no sabía discernir lo bueno de lo malo, ¡coño!, ¡si es que sólo tenía 4 años! Pero si de algo sabía era de tener amigos. Cosa que me faltaba últimamente. Los pasados dos cursos (P3, P4) se habían esfumado y ahora tocaba el último, P5. Durante esos anteriores dos años había entablado una maravillosa amistad con Alba, Joseph, Alberto y… ya esta. Éramos amiguísimos, siempre jugando juntos; preferiblemente al pillapilla, ¡espera!, ¡nada de preferiblemente!, ¡éramos unos putos viciados al pillapilla!, ¡nos pasábamos el día jugando al jodido juego! Al empezar P5, el primer día, yo estaba muy nervioso, como todos. Al entrar a la clase me extrañé, había algo raro. Algo no iba bien. ¡Ah! Alberto estaba con un grupo de comemocos en la parte norte de la clase, Joseph con los frikis del fútbol en la parte oeste y Alba en la parte este con las DisneyChanneladas chicas. ¡¿Qué coño?! Yo me dirigí hacia la mesa de la Alba para saber que estaba ocurriendo. Me estremecí, me cagué, lo podría decir de mil formas, pero no tuve los cojones necesarios para preguntarle, todas esas chicas con coletas y dientes de leche me asustaban. Me senté en una silla azulada, en la parte sur de la clase, también se podría conocer como la parte de los muñecos olvidados; de los niños que nadie quiso aceptar. Todo cambió al cabo de unos días, semanas, meses, no me acuerdo. Cuando un día a la hora del patio apareció Alicia. Una majísima chica de pelo rizado y moreno con un muñeco en la mano. Me ofreció jugar con ella. Empezamos a bailar con su muñeco y nos divertimos muñecos. En un abrir y cerrar de ojos ya éramos lo que ahora se podría decir Befes. Al pasar los meses fuimos jugando a juegos hasta que los agotamos todos. Sí, sí, los agotamos todos. Además, yo nunca he sido mucho de jugar, para mí era algo que hacía en vano, inútilmente. Necesitaba encontrar alguna forma de satisfacer a alguien u obtener algo a cambio para poder jugar tranquilamente. Entonces apareció el malvado Bruixot sense cara (Brujo sin rostro). Este malvado hombre fue quien más nos unió. ¿Quién diría que me podría deshacer de él como he hecho? ¿Y de mis ocellets? Bueno, os explicaré paso a paso.
Mi gran necesidad de jugar a algo con fundamentos me llevó a crear un juego. En él, sólo éramos yo y la Alicia. Cada uno de los dos tenía un pajarito con el que compartíamos todo, esos pajaritos eran como nuestros Sanchos Manzas. Jugábamos con ellos cada día, a todas horas, hablábamos con ellos y todo. Hasta cuando no estábamos en clase, en nuestras casas, nos los imaginábamos y eran nuestros amigos, quizás fue la necesidad de tener un amigo cerca la que me conllevó a crear estos caracteres. Al paso del tiempo apareció el Bruixot Sense Cara, un villano como cualquier otro, en este caso, yo me lo imaginaba como Lord Voldemort en la primera parte de Harry Potter, con el rostro tapado. Sí, uno de los mayores personajes que han inundado mi vida ha sido una imitación de Lord Voldemort. Pero bueno. Las horas, los días, las semanas, los meses, los años siguientes prosiguieron con estos personajes a nuestros lados. El Bruixot sense cara haciendo de las suyas mientras que yo, Alicia y los pajaritos le parábamos los pies. Creo que fue uno de los últimos días de curso de sexto o quinto, cuando yo y Alicia creímos conveniente encerrar para siempre a este señor en la oscuridad. Y así se hizo, a partir de ese día, yo y ella matamos a el Bruixot sense Cara, salvamos a la humanidad. Siempre me ha calido poner un punto y final a las cosas, o darles un concreto inicio, nunca me ha gustado la idea de hacer las cosas a lo largo; las cosas o se hacen en un momento concreto o no se hacen. Para mí.
Luego, a 1r ESO, nos distanciamos, ¡que digo!, ya nos habíamos distanciado a 5º ya que los putos profesores no me habían dejado ir con Alicia a la misma clase y eso nos permitió una punzante separación el uno del otro. Yo me fui a jugar con un americano y un sudamericano muy majos y ella se fue a jugar con un chico rellenito y una chica con bigote. 1r ESO puso fin a nuestra ya vulnerable amistad. -Uff… que cansado estoy, voy a beber un poco de agua y ahora vuelvo.-
Ya estoy aquí, haber, por donde iba… ¡ah! ¡Si! ¡1º de ESO! Pues como os decía, a 1º de ESO nos separamos aún más. Pasamos de ser amigos inseparables, a ser amigos, y finalmente éramos como dos desconocidos que alguna vez habían charlado.
Fue al octubre-noviembre de ese 2010 cuando una aguja oronda llamada Óscar hizo estallar el globo que era la amistad de Alicia y yo. Óscar era, por de alguna manera decirlo, una bola con dos palos incrustados en la parte inferior de su cuerpo que le permitían caminar. Para aquel entonces, yo era algo como él, aunque un poco más desinflado. Yo y Óscar habíamos empezado siendo buenos amigos, después había llegado Laura, y como se dice, tres son multitud.
Nos habíamos hecho muy amigos y sobretodo Laura y yo principiábamos a tener una agradable y fuerte amistad. Óscar, empezaba a sentirse receloso por que le debía parecer que yo le caía más bien a Laura. Con la excusa de que se había roto la pierna o algo así empezó a separarnos a mí y a Laura. <- No os diré explicaciones de esto ya que son largas y innecesarias, solamente creedme.
A la sazón, un día, él y yo empezamos a insultarnos brutalmente. Acabamos enfadados.
Parece ser que dicha bola con patas no había contado a Alicia nunca lo de nuestros enfados y creyó el muy estúpido que el mejor momento para contarlo era durante una excursión al Zoo de Barcelona.
Ese día estábamos comiendo cuando Alicia se acercó a mí y me dijo;
-Tú has insultat a l’Oscar? (¿Tu has insultado al Oscar?)-
-Sí.- Respondí. Uno de los mayores errores de mi vida. Debería haber mentido.
Seguidamente nos picamos como nunca antes lo habíamos hecho. Yo pensaba que ese era uno de esos enfados de dos días, pero no, no fue así.
Los días pasaron, después también pasaron los meses, y nosotros seguíamos enfadados. Alguna vez por semana intercambiábamos opiniones, nunca mejor dicho. Él decía ‘chupachup’, yo le decía ‘vaca’. Por cosas nuestras.
La semana que viene, o talvez la otra, hará un año de eso. Nunca nos hemos pedido perdón. Pero como dice el título, parece que las heridas del pasado están cesando ya que hace septenarios que al estar en la misma aula de materia optativa hablamos y en ciertos momentos, intercambiamos risas y nostálgicos recuerdos. ¿Creéis que la amistad de hace tiempo volverá? Yo creo que nunca volveremos a ser tan amigos como antes. Aunque claro, la vida consiste en eso. Nosotros vamos caminando y encontrando gente, y a la vez, dejando gente por el camino. Es lo inevitable.







-Hay dos cosas que no se pueden triar en la vida de uno; una cosa son la familia, otra los enemigos- (El Tren de Medianoche, Carlos Ruiz Zafón). 




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